Así de triste. Parece que nos unimos a la larga lista de países donde la diferencia entre ricos y pobres cada vez es más pronunciada. Los ricos más ricos. Y los pobres más pobres.
Menos ricos pero con mucho más dinero. Y más pobres con mucho menos dinero. Parece que la balanza para el reparto de riquezas está cada vez más desequilibrada. Acaban de salir los datos que publica Eurostat, la oficina estadística europea. ¿Podría ser peor? “Pues seguramente”, afirmaría un buen pesimista tras conocer estos datos. Pero, ¿podría ir mejor? Pues también. Y yo, ¿con qué me quedo? Pues con que esto es una ruina patatera que sólo da ganas de llorar. O lo que es mejor, un aliciente para luchar contra el sistema.
Cada mañana, cuando voy al trabajo (tengo el privilegio de no pertenecer a ese 22,6% de personas paradas en España y poder caminar alegremente hasta mi oficina), veo muchísima gente rebuscando en la basura. Hace poco escuché una conversación en el autobús entre dos mujeres mayores (con más de 65 años). Sorprendida, una le decía a la otra: “No veía a tanta gente comer de la basura desde tiempos de Cristo (¡Vale! Es una exageración, partiendo de la base que esa mujer no pudo vivir en esa época. Pero no van mal los tiros).
Según el s80/20, ratio con nombre extraño que compara el 20% de la población con más ingresos con el 20% de la población que menos ingresos tiene, el índice español se ha disparado en los últimos años hasta alcanzar el 6,9. Sin coma, hasta podría resultar una cifra curiosa, pero no es el caso. Es un dato triste y desalentador. Y en cristiano…pues que a mayor cifra, más desigualdad hay en el país. Más sencillo todavía, hablando en plata, España va de culo cuesta abajo (ver gráficas). Anda, pero si somos el 4º en el ránking de los países de la Europa de los 27. ¡Bien! Los cuartos. ¡Ah no! Seré tonta. Que aquí cuanto más alto estés en el ranking, más diferencias hay entre pobres y ricos.
Bueno, lo mismo para ti no es un buen dato, pero para aquellos que les gusta diferenciarse o más bien pavonear, estarán la mar de contentos. Esos que buscan comprarse un flamante Mercedes que alcance los 250 km/h (no sé muy bien para qué) o gastarse 2700 € en una funda de Swaroski para tener a buen recaudo su bien más preciado, el iPhone, ya no necesitarán esforzarse tanto para diferenciarse de los plebeyos. Con un buen plato combinado -de esos que lleva huevo frito, patatas, lomo y pimientos- bastará. Tan sencillo como eso.
Así está el marcador. A los ricos les sale la pasta por las orejas, mientras que los pobres hacen cola en los comedores sociales para pedir un plato de comida porque la hipoteca se lleva todo lo poco que tienen. Sí señor, así da gusto.
Como os decía, y no hay que ser muy espabilado para darse cuenta, el tráfico de estos días no se concentra en la M-30, sino en los contenedores de basura. Hay una increíble cantidad de personas merodeando en la basura. Ya mismo seguro que empieza a haber hasta mafias. ¿Por qué? ¿Cómo que por qué? Pues porque hay una desigualdad cada vez más pronunciada. Se tira a la basura todo lo que estorba. Eso puede incluir:
- Un mueble que ha pasado de moda.
- Un pack de yogures bio (para hacer mejor caquita) que llevan una semana dando tumbos por el frigo y es hora de tirarlos porque la salsa de ostras y el paté ahumado de salmón no caben.
- O incluso una maleta semirígida Samsonite que se llevó un golpecito en el último viaje a Suiza y ya no mola nada.
Parece que a partir de ahora, la sociedad de “usar y tirar”, en donde los productos tenían una vida muy corta, pasará a ser cosa de unos cuantos. Unos, usarán y tirarán. Otros, buscarán y recogerán. Es como la historia de dibujitos animados de Toy Story, pero en todos los niveles.
Aunque bueno, como para todo, hay excepciones. En la práctica sigue habiendo mucha gente que le gusta aparentar, o hacer el canelo, no lo tengo muy claro. No creo que sea la única que conoce a gente que llora porque dice no tener dinero para comida mientras que la tele de plasma que se acaba de comprar, ni cabe por la puerta del salón. Dulces irracionalidades las de esta sociedad. Seas pobre, seas rico o estés aún intentando definirte (no tienes porqué hacerlo), haz lo que quieras…pero con cabeza. Y por favor, con sentido común, mucho sentido común.







No te puedes volver tan intolerante, ten cuidado, las cosas no se cambian de hoy para mañana y entre el blanco y el negro hay un monton de grises, piensatelo, un beso
Maria Teresa
Los extremos son siempre eso, extremos. Siempre son negativos porque no te dejan ver lo que han en medio, en eso estoy contigo. Y los grises son siempre más equitativos, por supuesto. Pero es que es justo eso lo que está pasando…las diferencias no dejen de acentuarse. Los grises desaparecen y tienden o a negros o a blancos. No te preocupes que yo no me vuelvo intolerante, sólo crítica e inconformista, que no es lo mismo
Un besete