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El ritual mañanero suele ser cosa fina, o al menos a mí me pasa. Un ejército de bostezos me impiden articular palabra. A duras penas y tras un muro de legañas como puños me arrastro hasta el baño en busca del lavabo. Bueno, si me hago pis, me siento de aquella manera rezando con que la taza no esté bajada o con que tenga la suficiente habilidad para subirla. Tras lo propio, me echo tres, cuatro y hasta cinco veces agua fría en la cara con la firme intención de evacuar las legañas y esperando que un atisbo de espabilo aparezca por mi cara. Para qué nos vamos a engañar, el agua quita las legañas y supone un primer contacto con la vida misma, pero la torta la sigues teniendo y no te la quitas de encima hasta que te enchufas un buen café. Hay quien, incluso, no le puedes hablar hasta que no se ha tomado el elixir negro (y no, no voy a señalar a nadie, jaja).

Desde hace más de un año, tengo en casa una de las llamadas cafeteras sin cables. Una Aeropress, para ser más precisa. El aparatejo lo inventó el canadiense Alan Adler. Según cuenta en esta entrevista que le hizo Perfect Daily Grind, él andaba buscando una cafetera que le permitiera hacer el café a la temperatura que él quisiera y no existía. Su inquietud y pasión por el café le llevó a crearla. Y como os contaré a continuación, ya veréis que es una cafetera que te permite jugar con muchos parámetros, entre ellos, la temperatura para conseguir preparar tu café perfecto.

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Al menos por ahora. Has leído bien. Hay dos lugares que figuran en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO que no podrás visitar porque está prohibida la entrada de mujeres. Así que podemos renombrarlos diciendo “Patrimonio de la Mitad de la Humanidad”. Y bueno, seamos francos, si eres hombre, lo tendrás también complicado, ahora os explicaré más detalladamente. Uno está en Grecia y el otro en Japón.

La isla de Okinoshima

La isla de Okinoshima, situada a medio camino entre el suroeste de la isla de Kyushu (sur de Japón) y Corea del Sur, ostenta el título de Patrimonio de la Humanidad desde hace apenas unos meses. Esta pequeña isla, considerada un lugar sagrado, tiene prohibida la entrada a mujeres. Según cuentan, los antiguos dioses Shinto colocaron a tres emperatrices en la isla para que cuidaran a la nación y desde hace más de 600 años se llevan a cabo rituales para orar por la seguridad de las embarcaciones. Ni la presencia de las emperatrices, inmortalizada en una serie de rocas en la cima de la montaña, le ha servido al colectivo femenino para ganarse un pasaje a Okinoshima.

Okinoshima. Foto: BBC.com

La isla, propiedad del Santuario Munakata Taisha, tampoco está abierta al público. De hecho, solo recibe la visita una vez al año, el 27 de mayo, de 200 hombres para honrar a los marineros que murieron cerca de la isla entre 1904 y 1905 durante una batalla naval entre Rusia y Japón. El resto del tiempo solo viven allí sacerdotes sintoístas. Según señalan en su web, el objetivo es “trasladar a las generaciones futuras el paisaje como un bien precioso que pertenezca a toda la humanidad”. Bueno, a toda la humanidad, toda la humanidad… Más bien a la mitad.

Durante esta visita y como ritual de purificación antes de entrar en la tierra sagrada de Okinoshima, los hombres deben bañarse desnudos en el agua del mar. Parece ser que la explicación a la prohibición de la entrada de mujeres viene porque, según la religión sintoísta que venera a los dioses de la naturaleza, la sangre no es un elemento puro. Las mujeres, al tener la menstruación, se considerarían impuras. Y la duda que me surge es la siguiente, ¿y las mujeres que hayan pasado la menopausia? ¿ Y el periodo en que no se tiene la regla? Reflexiones aparte, otra de las explicaciones que se barajan es que los viajes a esta isla se pudieran considerar muy peligrosos y en la época se decidió “proteger” a las mujeres de tal aventura naviera. Si fuera el caso, hoy en día ya no hay peligro, ¿verdad?

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Lavapiés se volverá a teñir de colores para celebrar la 4ª edición del Monsoon Holi Madrid. Saca tu vestuario blanco porque lo vas a necesitar. El sábado 5 de agosto tienes una cita con la alegría.

Hay festivales que son puro vicio, y con eso me refiero a que vas una vez y ya nunca más quieres perdértelo. Si hace un par de semanas os hablaba de la divertida Batalla Naval de Vallekas, que tuvo lugar el pasado domingo 16 de julio en Madrid, ahora vuelvo a la carga pero con un festival más étnico donde cambiamos agua por colores. El “Monsoon Holi“, o Festival del Monzón, es el festival de la felicidad. El ambiente desenfado que lo caracteriza, propio de la festividad hindú Holi, lanza un mensaje. Por un día, todos somos iguales, independientemente de la clase social, religión, origen o casta a la que pertenezcas.

Monsoon“, que significa “estación”, se refiere al periodo que va desde mayo hasta finales de septiembre o principios de octubre. En la India, a partir de mayo empieza la estación húmeda. Con la llegada de las lluvias se cierra la época de sequía dando paso a la fertilidad. Florecen los campos, los árboles dan su fruto y bajan las intensas temperaturas de meses anteriores. Es un periodo de esplendor en el que la naturaleza se muestra próspera, el cielo regala lo mejor que tiene, agua; y los paisajes se cargan de color y vida. En la práctica, este festival se celebraría en primavera. En Madrid, la escuela de danza Bollywood Sitare y la asociación cultural Sangam que son los organizadores, se tomaron la licencia de pasarlo a verano para disfrutarla al aire libre. Lo más parecido que tenemos en España podría ser la “fiesta de la primavera” que se hace en algunas ciudades, como Granada, y donde se celebra la llegada del buen tiempo.

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Casi 10 años viviendo en Madrid y hasta el año pasado no había asistido a la Batalla Naval de Vallekas. De esas cosas que piensas, ¿y yo dónde estaba metida? Quizás la excusa más lógica pase porque nunca he vivido en Vallecas y que en julio suelo estar fuera. Sea como fuere, tras mi primera vez, me he venido arriba y quiero repetir. Este domingo 16 de julio, volvemos a las calles.

Como cada año, el barrio madrileño de Vallecas acoge la Batalla Naval de Vallekas, una guerra pasada por agua. Abierta a todo el mundo, es perfecta para mayores y pequeños. A golpe de cubetazos, manguerazos y pistoletazos de agua, el barrio se viste de carácter festivo y reivindicativo. La cuestión es mojarse, y no solo de forma literal.  Este año, bajo el lema “Vallekas, puerto de acogida. Derecho de asilo ya”, la crisis de refugiados estará en el punto de mira. El año pasado Vallecas lanzó un grito de “Basta Ya” contra la Violencia Machista. Evento al aire libre donde la diversión y el buen rollo imperan. La batalla de agua discurre por El Bulevar (C/ Peña Gorbea), continúa por C/ Puerto Alto, C/ Martínez de la Riva, C/Monte Perdido, C/ Arroyo del Olivar y llega a su fin en C/ Payaso Fofó.

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Sí, lo estamos. El consumo colaborativo es el nuevo invento del siglo, y eso que ni es invento ni es nuevo. Probablemente nosotros menos, pero nuestros padres y abuelos ya eran de consumo colaborativo en su época. La cosa andaba más apretada por aquel entonces. Mi padre me contaba que él compartía coche con 4 chicos más cuando empezó a estudiar fuera del pueblo. Ni que decir de la lavadora o electroméstico de turno que se compartía entre varios vecinos. Aquellos eran otros tiempos, estarás pensando. Y tanto que lo eran, para entonces el hecho de consumir algo solo tuyo, siempre disponible y que oliera a nuevecito no eran sensaciones que se pudieran permitir muchos. Y  no solo eso, el consumo, tal y como lo conocemos hoy día, tenía un aspecto más humano. Más compartido.

Y aunque el reciente consumo colaborativo nazca de una auténtica ingeniería social para llegar a final de mes, en donde lo de compartir gastos equivale a los 20 eurillos que te daba tu madre a escondidas para no ir pelada de pasta, no debería ser así. Me cuestiono profundamente si realmente nos merecemos el apelativo “humano” porque en el fondo (y en la superficie) parece que solo respondemos a estímulos económicos. Que la gasolina es barata y hay pasta (dinerito contante y sonante), pues a bajar cada fin de semana a casa con el coche. Solos, a nuestro aire. Que a final de mes nuestro plato solo lleva arroz y tomate frito, ojo, vamos a ver qué podemos hacer para reducir gastos. El dichoso bolsillo es el único que nos hace reaccionar. Ni medio ambiente, ni lógica del consumo, ni buenas prácticas… Nada como que te rasguen el bolsillo.

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Podría haber sido uno de los títulos del libro de la saga Millennium continuando con “Los hombres que no amaban a la mujeres”, de Stieg Larsson, pero nada más lejos.

Sí, queridos todos y todas, la mismísima RAE recoge en su diccionario “sexo débil” como “el conjunto de las mujeres”. Ni más, ni menos. Nada de ficción ni séptimo arte. Indignada, publiqué un tuit en busca de respuestas ante tan espeluznante hallazgo.

Me siento generosa e inspirada así que voy a tirar de expresiones a diestro y siniestro, las recoja o no la RAE, que para el caso su palabra para mí queda a partir de ahora en entredicho.

No habían pasado ni 90 minutos cuando llegó su primera respuesta. Ni cortos ni perezosos*, primero se refugiaron en que “los diccionarios recogen los significados de las palabras y expresiones, no describen qué o cómo son las cosas”, y que “el uso venía avalado por la documentación escrita”, además de aludir a la “ideología o modo de pensar subyacente”.

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No sé a ti, pero yo es decirme “Cuenca” y solo me viene una cosa a la cabeza… Las casas colgadas.

Apenas tenía 10 años cuando visité por primera vez Cuenca y aunque mi recuerdo es vago, no me había olvidado de las casas colgadas. Me impresionaron. Para entonces Kunka, como se llamaba en época musulmana, aún no ostentaba el reconocimiento de Ciudad Patrimonio de la Humanidad, declaración que le llegó en 1996. Y como sucede con todo, o al menos a mí me pasa, las cosas que vives de pequeña las magnificas. Mi recuerdo me decía que había muchas más casas colgadas. Todo más exagerado. ¿No te pasa? Yo hasta que no me hice mayor, no sentí que la Semana Santa era eso, una semana y no un par de ellas como mi mente pueril recordaba. Y volviendo a Cuenca y a mi recuerdo, decir que la memoria tira de economía de espacio y esteriotipa de lo lindo. O es que si alguien te dice “Córdoba” piensas en algo más que no sea la Mezquita, o si te dicen “Granada” tu cerebro no responde con una bonita postal de la Alhambra. Pues con Cuenca a mí me pasó igual. Pensé que todo el monte conquense era orégano colgado. Y hay muchísimo más.

Hoz del Jucar_rumboanigeria

Estos dos últimos años me han servido para deshacer ese vago recuerdo y constatar que Cuenca es mucho más. Atravesada por el Río Júcar, es destino predilecto para aquellos que buscan saciar sus ganas de hacer deportes de aventura. Yo redescubrí esta ciudad manchega gracias a mi escuela de patines. Organizaron un fin de semana de multiaventura.

¿Qué hacer?

Existe un enorme abanico de actividades que se pueden realizar a orillas del Júcar. Hay varias empresas que organizan todo tipo de actividades. Escalada, barranquismo, piragüismo en aguas bravas y aguas tranquilas, espeleología, senderismo, vías ferratas, tiro con arco, paintball, descenso en rápel y tirolina, entre otras. Lo cierto es que el entorno invita a practicar deporte, además de disfrutar de la estampa natural llena de encanto de la Hoz del Júcar. El lugar perfecto para desconectar.

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