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Archive for the ‘Estancia’ Category

Hoy se cumplen 2 años del inicio de un gran sueño. El 15 de junio de 2010, pisamos Nigeria. El 16 ya estábamos en Calabar. Por delante nos esperaba un año de voluntariado.

El punto de partida de un cambio que marcaría un antes y un después en nuestras vidas. Una auténtica prueba de supervivencia anímica. Un hula hoop de sentimientos. Una vuelta de tuerca a nuestra visión del mundo. Una marea de porqués. Un brote de arañazos de dura realidad. Un chute de verdades que nos dejaron sin aliento.  Nudos en la garganta, lágrimas descontroladas, rabia contenida, sentimientos a flor de piel. Era como vivir en un documental de la 2 constantemente. Todo nos parecía nuevo. Todo nos sorprendía. Todo nos emocionaba. Nada nos dejó indiferentes.

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Sentada cómodamente en mi silla giratoria recibo las malas noticias. Entran en mí como una jarra de agua fría que se detiene en cada poro de mi cuerpo enfriándome las entrañas. Williams, el padre de todos los niños del orfanato, ha sido quien nos lo ha comunicado. QUIEREN ECHAR A TODOS LOS NIÑOS GRANDES DEL ORFANATO.

Decir que un niño es grande, es algo bastante relativo. O acaso un niño es lo suficientemente adulto cuando tiene 14 ó 15 años. Pues depende de para qué. Para buscarse la vida en un país donde, a veces, no hay ni recursos ni oportunidades para los que nacen con una estrella en el culo, pues desde luego que para los que nacen sin ella, aún peor pinta el panorama. Dicen que los niños grandes son una mala influencia para los más pequeños, pero justamente, son ellos los que cuidan de los más chiquitines. Les tachan de rebeldes, pero la única verdad es que se los quieren quitar de en medio desde hace ya algún tiempo. Todo son excusas para lavarse las manos.


Una voz de socorro ahogada en la desesperación. Williams no puede luchar solo, nos pide ayuda, pero no sé qué podemos hacer. Cómo podemos hacerlo.


14 niños y 4 niñas son los que quieren echar a la calle, y no es la primera vez que lo hacen. Si los expulsan, volverán al círculo vicioso en el que ya estuvieron metidos. Los niños serán explotados con interminables jornadas de trabajo en donde las posibilidades de promocionar son nulas. Las niñas volverán a la prostitución. Y no sólo eso, los niños que viven en la calle son tratados de manera vejatoria, les pegan e incluso abusan de ellos.

Vidas rotas por el capricho de unos cuantos que quieren acabar con sus ilusiones. Hasta ahora, la mayoría de estos niños “grandes” estaban acudiendo a diferentes centros de formación para aprender una profesión: electricistas, pintores, informáticos o costureras. De hecho, parte del dinero que ha recaudado la asociación que María y Ester han montado, Mme ma fi Calabar, irá destinado a intentar forjarles un futuro digno. A darles una oportunidad.


Me quedo pensando sin saber muy bien qué pensar, qué hacer o qué decir. A veces, muchas, me da la sensación de que en Nigeria aún no han entendido que los niños son el futuro de un pais, y sin ellos, están perdidos. ¡No dejemos que se apaguen sus sonrisas!

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El otro día mientras recogía la habitación y organizaba las cosas de la maleta, Mache tuvo un arrebato de “basta ya” bastante gracioso y original. Confeccionamos una lista donde enumeramos un montón de cosas que no queremos que vuelvan a suceder. Pequeñas críticas a cosas que han ido pasando. Y como todo tiene que ver con nuestra experiencia nigeriana, me gustaría compartirlo con vosotros.

Basta ya de las mujeres peludas de esta casa.
Basta ya de hacer la cobra por la calle cuando un nigeriano intenta agarrarte el brazo.
Basta ya de los espaguetis aceitosos de la Liz.
Basta ya de los notas que se encaloman mientras te estás tomando una cerveza en una terracita.
Basta ya de dar números de teléfonos falsos.
Basta ya de vivir sin luz.
Basta ya de ducharse a cubetazos porque el grifo no funciona o no tiene fuerza.
Basta ya de la cerveza templona.
Basta ya de las felpas, pañuelos, lazos, trozos de tela o mangas de camiseta que María utiliza para recoger su pelo.


Basta ya de tener el cuarto patas arriba (¡Necesito mi espacio!).
Basta ya de no tener ni un mísero tomate para desayunar.
Basta ya de la leche en polvo (¡Queremos leche natural, yogures y queso!).
Basta ya de tener una cocina con tres mini fogones para 16 personas.
Basta ya de quedarme pegada en los sofás nórdicos del salón.
Basta ya de los olores perrunos de las almohadas comunes.
Basta ya de las cucarachas voladores que se te tiran a la cabeza por las noches (¡Pregúntale a Michael!).
Basta ya de las pelucas postizas (¡Viva el pelo natural!).
Basta ya de esta casa es una ruina. Al ritmo que vamos se nos cae encima. ¡Ah! No, si eso ya ha pasado.
Basta ya del Gran Nigeriano (¡No quiero vivir en un reality show continuo!¡Quiero privacidad!).


Basta ya de gritos que me despiertan por la mañana.
Basta ya del politono canturrero de Samu en el que la Beyoncé no deja de gritar “Single Ladies” (¡Que alguien le pague una canción nueva!).
Basta ya de las tortillas francesas con 18 tipos diferentes de especies de Foski.
Basta ya del flequillo ahuecado de la Patri (¡Estamos recogiendo dinero para pagarle una sesión de peluquería!).
Basta ya de la indomización crónica (dícese de aquella enfermedad que te hace comer Indomie, los noodles adictivos, dos veces al día) que sufre la gente de la planta de arriba (¡Michael, Ron, Sami, Ester y Mache tienen que ir a terapia!).
Basta ya de que la única tapa que existe en este país sea el suya (el pinchito de carne en la calle).
Basta ya de los escaqueos de los grupos de cocina.
Basta ya de abrir la puerta de mi cuarto y que parezca que estoy en una zapatería.
Basta ya de que Neli le corte el pelo a Mache al estilo Camarón.
Basta ya de la mantequilla hipercalórica de por las mañanas.
Basta ya de asarme de calor por las noches mientras, desesperada, busco cualquier cosa que pueda servir de abanico.
Basta ya de dañarme la vista con los modelos horteras que lleva la gente de esta casa.
Basta ya de que me sude el bigote, el escote y hasta los nudillos de las manos cada vez que salgo a la calle.
Basta ya de que me pregunten por la calle si soy china (Sabemos que hay mucho chino suelto por el mundo, pero ¡no todos los blancos son chinos!)
Basta ya de salir del Jasper (disco) y que todo la discoteca te tire la caña.
Basta ya de no hacerle ni sombra a los nigerianos cuando bailan.
Basta ya de los “sí” nigerianos que nunca sabes si un verdadero si o un no.
Basta ya del “I´m coming” y nunca más aparece el tío (Durante tres meses esperamos y esperamos a que ese I´m coming se hiciera realidad. Y allí nos quedamos, sentados y esperando).
Basta ya de reuniones interminables donde todo el mundo tiene que aportar su chorrada del día.
Basta ya de combinar cuadros, lunares y rayas al vestir.
Basta ya de que los nigerianos me intenten tangar en mi propia cara.
Basta ya de decir “esta es la última tela que me compro” y tener todo el armario lleno.

Basta ya de ratonear nairas.
Basta ya de que la vecina de la reja entre como Pedro por su casa a coger los casquillos de las botellas.
Basta ya de que me saluden por la calle por mi nombre y su cara ni me suene.
Basta ya de que me señalen con el dedo y me llamen Mbakara.
Basta ya de guardaespaldas espontáneos que quieren acompañarnos hasta casa (¡Que no sabemos el camino de vuelta!).
Basta ya de preguntas absurdas.
Basta ya de compartir asiento de copiloto con otra persona y de ir en los taxis como sardinas en lata.
Basta ya de cánticos religiosos a las 4 de la mañana.
Basta ya de tailors (costureros) que me hacen el tiro del pantalón por la rodilla, el escote por el ombligo, los bolsillos de Doraimon y me pegan una línea dorada en mitad de la camiseta.
Basta ya del sonambulismo de Isa que me tiene acojonada todo el año.
Basta ya de que el Michael no se canse de hacer la misma broma todo el año.

Pero ya estamos de vuelta a casa. El 1 de junio a las 10h30, si no hay ningún imprevisto, estaremos llegando a Madrid. Y a las 18h30 a Sevillla, a la estación de Santa Justa.

¡Nos vemos ya!

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Se suponía que los últimos días que íbamos a pasar aquí en Nigeria íbamos a estar felices, volvemos a nuestra tierra a ver a nuestra familia. Y en cierto modo es así. Pero es una felicidad marcada por la tristeza de su contenido. Por un lado, muchos “adiós”. Por otro, muchas “hola de nuevo”. Empieza el momento de las despedidas.

El primer adiós, que no he querido que sea un adiós, sino un “hasta luego” se lo ha llevado Blessing. Una de las personas que más ha calado en mi aventura nigeriana. Su sonrisa se ha colado en nuestras vidas, y ahora que se ha ido nos ha dejado tocados. Horas y horas hablando con ella no sólo han hecho que mejore mi inglés, sino que además, se cree un enorme vacío ahora que se ha ido. Blessing ha dado el pistoletazo de salida a una carrera que nos dejará marcados para siempre. África y sus habitantes, always with us (siempre con nosotros).

Hasta hace unos días, era consciente de que el tiempo estaba pasando volando, que ya nos quedaba poquísimo para volver. Pero no es hasta que pasa algo así, cuando te das cuenta de que nuestros días en Nigeria se van agotando sin mayor miramiento. 8 días, la cuenta atrás ya ha comenzado.

Tantas cosas por hacer, tanta gente por despedir. Un sentimiento de tristeza anida en mí. Y esta no es una despedida cualquiera. Es duro pensarlo, incluso decirlo, pero es tan difícil que vuelva a ver a alguno de los amigos que he conocido este año, que duele nada más pensarlo. Aún así me resisto a decir “adiós”, es una palabra muy fría, muy determinante. Siempre diré un “hasta pronto”.

A nuestros amigos no sabemos si los volveremos a ver alguna vez, pero al menos la tecnología está de nuestra parte. Los teléfonos e internet a través de sus innumerables ventajas nos permitirán seguir conectados. Pero, ¿y los niños? ¿Acaso podremos mantener algún tipo de contacto con ellos? O, ¿al menos saber que están bien? La respuesta se presenta en bandeja de hormigón: lo dudo. Por no decir, NO. Es demasiado complicado y no está en nuestras manos.

El otro día lo comentábamos Ana y yo cuando volvíamos del mercado. En el caso de que pudiéramos mandarles alguna carta, dudamos que llegue. Además, si llegase, seguro que alguno de los incompetentes que trabajan allí la censurarían. No les caemos bien, nos quejamos de que no trabajan. No les importan los niños, nunca les importaron. Y los niños a quién se van a quejar, si ni siquiera saben las responsabilidades o funciones que esos mayores tienen en el orfanato. No sigo por ahí porque llevamos un año luchando por esto y aunque hayamos conseguido algunas metas, sabemos que en cuanto nos demos la vuelta, todo caerá en saco roto.

Es triste, doloroso e inhumano arrancarnos a nuestros niños para siempre. Se me hace un nudo en la garganta de pensar que, desgraciadamente, nunca llegaré a averiguar si Obonguette llegó a ser un artista, si Deborah Blessing continuó sus estudios hasta convertirse en banquera o si Mary utilizó toda su astucia y entereza para forjarse un futuro brillante. Y como ellos, los otros 104 niños que hay en Destiny a día de hoy. Unos sueñan con ser futbolistas, otros mecánicos, otros costureros, e incluso los más ambiciosos, con ser presidente de Nigeria. Te queda la rabia y frustración de saber que sólo has conseguido cambiar sus vidas, un poquito, durante un año. Una ayuda que está a punto de caducar. Sabemos que Williams velará por ellos, es como el padre de todos, pero puede que incluso él tenga los días contados en toda esta historia.

Ahora tengo los ojos bañados de lágrimas. Lágrimas de felicidad y de tristeza. Un sabor agridulce se respira en el ambiente. Sentimientos contrapuestos. Tengo ganas de volver, de ver a mis padres y mi hermano. De disfrutar de mis amigos. De dormir sin mosquitera. De ir de tapas. De comerme un helado. De abrigarme cuando haga frío. De ir al cine. De disfrutar de una ducha con agua caliente y a presión. De sentarme en un parque a comer pipas mientras tengo una conversación entretenida. De tomar café con mis amigas. De sentarme en la puerta de casa de mis abuelos a tomar el fresco. De oler el pescaito frito con un chorrito de limón. De saborear la granizada de limón y los churros de mi madre. De charlar con mis vecinas. De jugar con mi Pirri.

De salir de marcha para ver a gente que hace mucho que perdí de vista. De perderme por las playas andaluzas. De sentarme en un banco de la Gran Vía de Madrid y ver a la gente pasar. De visitar a mis amigos. De oler la ropa y que huela a suavizante. De tomarme un mojito. Hay tantas pequeñas cosas que echamos de menos, que cuando volvamos todo nos parecerá nuevo. Agradeceremos cada pequeño detalle como si fuera la primera vez que lo vivimos. ¿Os acordáis de cuando Cocodrilo Dandi llega a la ciudad? Se sorprende por cualquier cosa, todo le hace ilusión. Pues algo parecido nos pasará a nosotros. Eso sí, en un par de meses se nos pasará el momento peliculero.

Pero sé que cuando esté en España también echaré en falta mis jornadas maratonianas buscando telas y persiguiendo costureros con Neli. Los suyas (pinchitos de carne) que nos comíamos en la terraza del Marion. Mis ratos de charloteo con Joy y Blessing. Las anécdotas graciosas de la casa, que al ser tantos, son muchas. Los mangos y las mazorcas de maíz a la brasa. Los viajes anecdóticos que nos hemos marcado las 5 magníficas (Ester, María, Neli, Tere y yo). Los cumpleaños que nos hemos currado en casa. Los abrazos de los niños del Destiny. Los momentos cabezas pensantes que he tenido con Mache para montar fiestas sorpresa. Las sonrisas sin caducidad de la gente de la calle. Los, “Bo, ¿hoy qué cocinamos? Sólo quedan 3 patatas, dos huevos y un pepino”.

Los más y los menos de la casa del Gran Nigeriano. Los talleres de tacto y yoga que hacían Patri y Valle al principio. Los planes esporádicos del Sunny. Las albóndigas de la Mache y la paella del Foski. Los momentos noticias CNN+ 24 horas que se ha marcado Jose. Los churreteos con Sami y sus momentos paternales. La gracia de tener un manitas en casa, en la nuestra, Kanu. El nuevo castellano que hemos aprendido con los ecuatorianos Michael y Ron, en mi diccionario ahora aparece “Se me aflojó el cauchito”. Las trifulcas por las comida. ¡Arg! Eso seguro que no. Anda, y ahora que le cogido el gustillo a comer platos africanos, lo mismo hasta echo de menos la melon soup y la afán soup con garri.

Pero sin duda, una de las cosas que más echaremos en falta serán nuestros niños: sus refunfuñeos en efik, sus abrazos disimulados, sus I´m coming, sus sonrisas al bajar del autobús, sus “mbakaras” porque se les ha olvidado tu nombre, su dificultad para prestar atención, su locura transitoria, su increíble manera de bailar, sus momentos de rabieta descontrolada, el suave tacto de su pelo al crecer en onditaslos achuchones y besuqueos de madre dislocada que les damos, la cara de ilusión cuando le traías cualquier cositas, los momentos “vamos a recogerlos al cole y ellos vacilan de mami mbakara delante de todos sus compañeros”. Estos niños han sido tan especiales para nosotros que los llevaramos dentro para siempre.

Muchas ganas de volver, pero con un gran sentimiento de culpabilidad por dejar las cosas como estaban. O nunca mejor dicho, de la mano de Dios. La montaña de arena que hemos ido creando con esfuerzo y dedicación a lo largo de todo el año, creo que se esfumará con el tiempo. Y al ritmo que se hacen las cosas en Nigeria, se habrán desecho de nuestra duna en un periodo de tiempo tan corto que da vértigo nada más pensarlo. No me queda otra que creerme que las cosas no se hacen para nada y que por poco que creamos que hemos conseguido, menos hubiera sido nada.

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Si es que lo que no hayamos hecho en Nigeria, creo que no lo haremos en la vida en cualquier otro sitio.


Aquí no es todo trabajo, también hay tiempo para divertirse. Esta vez ha sido cosa de Bassey. Ya os hablé de él en el artículo de los carnavales. En efecto, fue él el que nos metió a Ester y a mí en Passion 4, la mejor banda del Calabar Carnival (ver artículo, Calabar Carnival 2010, non-stop dance (1ª Parte)).

Esta vez me pidió un favor. Necesitaba algunas mbakaras para grabar algunas escenas de un videoclip que está dirigiendo. La idea nos pareció interesante, así que Mache, Ana, Valle y yo nos decidimos a ir al rodaje del videoclip.

No sabíamos exactamente ni qué íbamos a grabar, ni habíamos escuchado la canción, ni conocíamos al artista,… Pero, ¿acaso importaba? La historia pintaba bien y no teníamos nada mejor que hacer, así que le dimos el visto bueno a Bassey. Él se presentó bien temprano en casa al día siguiente. Vino con un taxista a recogernos. Empezaba el momento famoseo.

El videoclip se grababa en uno de los hoteles más lujosos de Calabar. Nada más llegar constatamos que ya estaban grabando. Una escena en la recepción del hotel. Subimos y esperamos en la sala donde se grabaría la siguiente parte del videoclip. Mientras esperamos, tuvimos la oportunidad de escuchar la canción, Give me more, unas 20 veces. ¿Quién la canta? 3 chicos (no son un grupo, son artistas nigerianos por separado) y una chica (de Sudáfrica).

Lo que en un principio iba a ser que las mbakaras saliesen un poco de pegote en el videoclip, se convirtió en un “casi sustituimos a la estrella”. Y, la verdad, no me extraña. En realidad la chica protagonista del videoclip ocupa el lugar de la cantante, que por tema de presupuesto, no pudo asistir al rodaje. La chica tenía tan poca sangre que dudamos que fuera nigeriana. Todos los nigerianos bailan increíblemente bien, y esa chica, la verdad es que se quedaba corta. Muy corta bailando.

El rodaje duró, al final, casi todo el día. Pero estuvimos muy entretenidas, no se nos hizo nada largo. Grabamos bailando sobre una gran tela verde para, en la postproducción, poner un fondo chulo, que a saber.

También grabamos dos escenas en la discoteca, una en el reservado y otra en la pista bailando. Y la última fue la mejor, en la piscina. No les dio tiempo a decirnos que íbamos a grabar dentro de la piscina, cuando ya estábamos bañándonos.

Y como en todas estas cosas, nosotras también tenemos la anécdota, ahora graciosa, del día. Cuando grabamos la escena de la piscina, al final del todo, nosotras debíamos alejarnos nadando de los cantantes. Pues bien, lo hicimos. Pero el cantante principal se emocionó tanto que se tiró al agua SIN SABER NADAR. Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos casi en la otra punta de la piscina y el pobre hombrecito ahogándose. Y claro, todo el mundo hacía el intento de tirarse a la piscina, pero nadie se tiraba. Lógico, tampoco sabían nadar. Ana fue la primera en darse cuenta de lo que estaba pasando, así que fue nadando rápidamente hacia él para ayudarlo. Por poco se nos ahoga, pero Ana fue su salvadora. ¿La mencionará en el apartado de agradecimientos de su disco? No lo sabemos. A nosotras nos basta con que nos envíen el videoclip cuando esté terminado.

La verdad, no sabemos muy bien cómo saldrá el videoclip, pero nosotras ese día nos lo pasamos super bien. Fue toda una experiencia asistir y participar en el rodaje. Y lo mismo, quién sabe, en un par de meses nos hacemos famosillas en Nigeria. Pero para entonces, ya no estaremos aquí. ¿Conseguiremos el videoclip cuando estemos en España? Es nuestro objetivo. Give me more…

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No sé exactamente ni por qué me he decidido a escribir sobre esto. He pensado que quizás dentro de unos años, cuando no recuerde tantos detalles sobre mi aventura nigeriana, podré echar mano de este artículo. Y ya de paso, pasaros un poquito de información acerca de Nigeria, que nunca viene mal. El saber no ocupa espacio.

  • ¿Capital de Nigeria?

La actual capital es Abuja, pero hasta 1995 fue Lagos. Abuja está en el centro del país y Lagos al suroeste.

  • ¿Moneda?

Naira. Lo curioso es que no existen monedas. Incluso las 5 nairas son en billete. Hasta hace unos años existían los kobos, que son como los céntimos de euro pero de mucho menos valor. Los billetes de 5, 10, 20 y 50 nairas son escurridizos e impermeables, parecen sacados del Monopoly. El billete más grande es de 1.000 nairas (al cambio, unos 5 euros) y suelen estar muy gastados. En los billetes de Nigeria aparecen, por una cara, los llamados fundadores de la actual Nigeria (como Alvan Ikoku, Chief Obafemi Awolowo, Alhaji Sir Ahmadi Bello o Dr Nnamdi Azikiwe), dos grandes figuras dentro del Banco Central de Nigeria (Alhaji Aliyu Mai-Bornu y Dr Clement Isong) y un general del ejército (General Murtala Muhhamed). Por la otra cara, mujeres llevando un cesto en la cabeza, una mujer haciendo cerámica, unos hombres pescadores, unas vacas pastando o Zuma Rock, una montaña de roca gigantesca que está justo al lado de Abuja.

  • En Nigeria, ¿qué puedes comprar con…?
    • Un billete de 5 nairas: Dos caramelos.
    • Un billete de 10 nairas: Un pure water (una bolsa de agua supuestamente potabilizada), un trozo de ñame frito o unas galletas Noreo (la réplica de las Oreos, pero a lo nigeriano) en paquete de 4.

    • Un billete de 20 nairas: Unos groundnuts (en español, cacahuetes), una cartulina, un mechero o un paquete de chicles.
    • Un billete de 50 nairas: 3 ó 4 naranjas, un viaje en taxi por Calabar, un paquete de Indomie (los noodles adictivos), un rollo de papel higiénico, una mazorca de maíz a la brasa o un refresco de 35 cl.
    • Un billete de 100 nairas: Una recarga de teléfono, un coco, un paquete de té de 20 sobres, una chicken pie (un empanadilla de carne), un paquete de tabaco Palma, unas chanclas de goma, un moi-moi (comida típica de Nigeria hecha con una masa de alubias machacadas y cebolla) o 10 sobrecitos de leche individual.

    • Un billete de 200 nairas: Un suya (pinchito de carne), una cerveza de 60 cl en una terracita, una tarjeta SIM para el móvil, 1 kg de patatas o la impresión de una foto digital.

    • Un billete de 500 nairas: Un paquete de cereales baratos, 2 yardas de telas (con regateo de por medio), 2 DVD con unas 10 películas cada uno, una sandía, una buena peluca (de esas que llevan las nigerianas), la entrada a la piscina de un hotel, una cerveza en la discoteca y la recogida de un paquete llegado de España.

    • Un billete de 1.000 nairas: La entrada a un partido de fútbol de la selección nigeriana, 3 ó 4 kg de tomates, un paquete de cereales con frutas o un pack con 10 zumos de 500 ml.

  • ¿Idioma?

El idioma oficial es el inglés. Sin embargo, Nigeria tiene una enorme riqueza cultural en cuanto a idiomas se refiere. Cuenta con más de 250 dialectos, en donde el yoruba, igbo y hausa son los más extendidos.

  • ¿La ciudad más poblada de Nigeria?

Lagos, con casi 8 millones de habitantes, y en donde el caos urbanístico y automovilístico es palpable nada más aterrizar en la ciudad.

  • ¿Religión?

Nigeria está dividida, casi a partes iguales, entre cristianos y musulmanes. El norte es mayoritariamente musulmán, y el sur, cristiano.

  • ¿Cuál es la comida más popular en Nigeria?

Garri y pepper soup. El garri se consigue tras moler la casava y se prepara con agua caliente. La pepper soup, su traducción sería, “sopa de pimienta”, se hace con hojas cortadas en trocitos muy pequeños y lleva carne, unas veces pollo, otras cabra. En Calabar, también es muy popular el rice con stew (arroz con un trocito de carne, normalemente, ternera), la melón soup (que creo que se hace con las pipas de la calabaza) o la afán soup (una sopa vegetal con water leaves, hojas).

  • ¿Qué cantantes están de moda ahora mismo?

2Face, PSquare, Timaya, D´Banj, Jesse Jagz, Dr Sid y Terry G  (para bailar en la discoteca). Assa (jazz).

  • En Nigeria, ¿qué se baila?

Cuando llegamos, todos los nigerianos se dejaban la piel en la pista bailando allanta (ver artículo Calabar Carnival 2010, non-stop dance (2ª Parte) ). Cuando bailas allanta (ver vídeo de Youtube) es como si te estuvieras arrancando trozos de tu cuerpo y los arrojases. Así que tu cuerpo se debe contornear enérgicamente y la cara de dolor debe acompañar. Pero no penséis que es muy gore la escena, en el fondo el baile es muy dinámico y gracioso. Todo el mundo bailaba allanta hasta los carnavales de Calabar. Fue durante los carnavales cuando todo cambió, surgió el baile Etigidi okro. ¿Cómo surge un baile? Pues en este caso, de la manera más simple. Un hombrecito salió bailando en una de las bandas del carnaval. Él era cojo, pero eso no le impidió salir. Bailaba e intentaba seguir el paso de su banda al mismo tiempo. Y ese paso de cojo-anda-baila dio lugar a un movimiento arrítmico y destartalado que pronto sedujo al público. El baile del cojo se extendió como la espuma y sustituyó a allanta enseguida. El movimiento pélvico es mortal, así que al primer intento, el polvo de nuestras caderas se esfumó. Y ahí andamos ahora, dándole al etigidi okro.

Ahora es momento de dar mi opinión. Si tuviera que…

  • Recomendar un libro de un autor nigeriano, diría “Joys of motherhood” de Buchi Emecheta.
  • Recomendar un libro acerca de África, diría “Ébano” de Ryszard Kapuscinski.
  • Decir mi canción preferida de un artista nigeriano, diría “Jailer” de Assa.
  • Decir mi película nigeriana preferida… no podría decirlo, no me gusta nada Nollywood.
  • Comentar lo mejor de Nigeria, diría que lo más espectacular es su manera de bailar y la increíble sencillez y humildad de la gente.
  • Comentar lo peor de Nigeria, diría que es su enorme desorganización a la hora de trabajar.
  • Enumerar los problemas sociales más graves de este país, diría que son los street children o niños que viven en la calle, el alto índice de personas que mueren por no tener acceso a medicamentos básicos y la prostitución infantil.

Me hubiera gustado escribir más, pero el tiempo apremia. Hasta la próxima.

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Y mira que corremos, pero parece que es más rápida que nosotros.

Esta misma semana nos hemos enterado de que el aeropuerto de Calabar estará cerrado desde el 8 de mayo hasta el 8 de julio por obras de mantenimiento. Y, ¿qué supone eso? Pues que tendremos que ir hasta Uyo, la capital de Akwa Ibom (el estado que está al lado de Cross River) para coger el avión. Uyo está a 88 km de Calabar. En coche, a una hora y media de camino, según Google. Si no hay imprevistos, claro está.

De ahí volaremos a Lagos. Sí, es lo que estáis pensando. ¡Menudo infierno! Cargados con todas las maletas y dando vueltas por ahí. ¡Qué locura!

Bueno, esta no es la foto de cuando nos enteramos de tan inquietante noticia, pero las caras de sorpresa, decepción y locura colectiva fueron parecidas. La noticia se expandió como la dinamita. Y nos enteramos gracias a David, un amigo de Ester que ha venido a visitarla. Él recibió un mensaje en el móvil. Le avisaban de los cambios en el itinerario. Y aunque él y Ester compraron el vuelo desde Calabar, ahora deberán ir hasta Uyo, por su propia cuenta, para poder volar hasta Lagos.

Así que parece que nuestro viaje de vuelta será largo. Aún no sabemos el itinerario fijo, pero imagino que es el siguiente:

  • Calabar-Uyo (en bus, me imagino)
  • Uyo-Lagos (vuelo nacional)
  • Lagos-Frankfurt (vuelo internacional)
  • Frankfurt-Madrid (vuelo internacional)
  • Madrid-Sevilla (por definir)

Si todo va bien, el 1 de junio ya habremos pisado suelo español. ¡Cruzad los dedos!

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Allí donde terminan las rutas habituales.