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Archive for the ‘Jornadas de trabajo’ Category

Noviembre y diciembre son meses que no sólo marcan el final del año, en sus días quedan grabados los recuerdos y sentimientos en pro de un derecho, en contra de una injusticia o incluso se empieza a escuchar la voz alta, potente e inconformista de un pueblo unido que se levanta, que despierta para luchar frente a las diferentes situaciones de vulnerabilidad que se dan en la sociedad.

El pasado 20 de noviembre fue el Día Universal del Niño (ver artículo, “20 de noviembre, Día Universal del Niño“). El 25 de noviembre, el Día Internacional de la Mujer Maltratada. En todo el país se vieron actos de rechazo frente a este tipo de violencia voraz que ya se ha cobrado la vida de más de 50 mujeres en lo que llevamos de año (ver datos y tablas actualizadas del informe “Víctimas Mortales por Violencia de Género“, elaborado por el Gobierno de España). ¿Quieres ver en detalle el mapa “La vergüenza 2011” que publica el diario El Correo en referencia al número de agresiones y muertes por violencia contra las mujeres? Haz clic en la imagen.

También han servido estas concentraciones como gesto de apoyo a las víctimas que sufren en silencio el dolor físico y psicológico de una mano amenazante o de un palabra hiriente y desgarradora. Ayudar a que salgan de esa espiral en la que incluso les hacen sentir que ellas son el origen del problema, animarlas e informarlas de los pasos a seguir para salir de esa situación, son temas que se deben seguir trabajando. Sin embargo, y desgraciadamente, en España se siguen dando casos tan ridículos y humillantes como el que sacan hoy a relucir diferente diarios, entre ellos El Pais o Público: “La fiscalía pide una pena menor para un maltratador porque los dientes que rompió a la víctima eran postizos” o “Reducción de pena porque la víctima tenía dientes postizos“.

Analicemos. Le reducen la condena a un maltratador reincidente que agredió a su pareja delante de su hijo de 6 años porque los dientes que le rompió al propinarle un puñetazo eran postizos y no originales. Una no puede dejar de sorprenderse e indignarse con noticias como esta. Lógico que las víctimas se sientan desamparadas y les cueste denunciar, el respaldo de la justicia es para “echarse a reir”, a pesar de lo gravísimo que es este asunto.

Y hoy, 1 de diciembre, se celebra el Día Internacional contra el SIDA. Una enfermedad que afecta a más de 34 millones de personas en el mundo, de los cuales, 3,4 millones son niños. Más de 14 millones necesitan ayuda urgente, pero son menos de la mitad los que tienen acceso a medicamentos. Estudios recientes demuestran que el tratamiento no sólo sirve como método para reducir la transmisión del virus, sino que además es un elemento para prevenir el contagio.

La verdad es que en la última década se han conseguido dar pasos firmes y esperanzadores para luchar contra la enfermedad, sin embargo, sólo en 2010 hubo 2,7 millones de nuevos infectados. Se están retirando fondos, y eso hace peligrar no sólo el futuro de la lucha contra esta dura enfermedad, sino que puede tirar por tierra todo lo conseguido hasta ahora. Como hizo en su día el Papa Benedicto XVI con su controvertido, irresponsable e ignorante comentario en una visita a África. En él afirmaba que el preservativo, más comunmente conocido como condón, lo único que hacía era “aumentar los problemas”. De hecho se atrevió a decir que el preservativo no servía como arma para luchar contra el SIDA, sino todo lo contrario, favorecía su expansión (¿?).

Un atentado contra la lógica y el ser humano. Pero ya sabemos que, como el amor, la fe también es ciega y hace creer hasta en los comentarios más insensatos que carecen de fundamento alguno (ver artículo completo aquí). Él, sin embargo, aboga por la abstinencia y la oración. Puede que los cristianos conozcan el significado del segundo término y que incluso lo practiquen, pero ¿abstinencia? Creo que eso no funciona ni en los cristianos más devotos. ¿Hora de renovarse? Desde mi humilde opinión, creo que la iglesia debería elegir mejor su máximo portador de palabra y evitar declaraciones tan catástroficas como esta. No olvidemos que hay miles de personas en el mundo que siguen a pies juntillas lo que le dicta su religión. La falta de información y los falsos mitos tampoco ayudan.

Médicos Sin Fronteras ha puesto en marcha su campaña Positive Generation para sensibilizar y recaudar fondos para luchar contra el SIDA. La música sirve de nexo de unión, e incluso se utiliza como medio de comunicación para llegar donde la simple palabra le cuesta entrar. Los coros, compuestos en su mayoría por personas afectadas por la enfermedad, son la herramienta perfecta para sensibilizar a la población. La ONG Médicos Sin Fronteras llega más allá. Ha utilizado la base de esta música coral y la colaboración de grandes artistas nacionales, como Alejandro Sanz, Estrella Morente o Antonio Carmona, e internacionales como es Estella (que interpreta la conocidísima canción One Love junto a David Guetta), Chiwoniso u Oliver “Tuku” para mover (el cuerpo) y movilizar (la conciencia) de la sociedad. La acción se centra en Zimbabue, en donde la organización atiende y ofrece tratamiento a más de 34.000 personas cada día.

La desinformación es un arma de destrucción muy poderosa. ¿Sabías que aún hoy día la gente rehúye de los enfermos con SIDA por miedo al contagio a través, de por ejemplo, un abrazo o un beso en la mejilla?

El jueves 1 de diciembre, la cadena 2 de TVE emitirá el documental “Positive Generation” a partir de las 21h. Una buena oportunidad para escuchar las “voces por un futuro sin sida” gracias al trabajo realizado por el director David Trueba.

El 1 de diciembre de 2010 aún estaba en Nigeria, y ¿sabes qué pensaba? Leer artículo “1 de diciembre, Dia Internacional del SIDA”.

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El 1 de mayo fue el Día Internacional de los Trabajadores. Sin embargo, Nigeria hizo doblete y celebró también el Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud (pincha aquí para saber más).

África fue el continente que más sufrió esta horrible práctica. Los esclavos eran arrancados de sus familias para mandarlos, principalmente, a América. El precio que pagaban por ellos era tan ridículo que con un espejo se podían comprar 21 mujeres o 15 hombres. Como suele pasar, la mujer valía incluso menos que el hombre. Las cifras no son muy concretas, pero se dice que el comercio negrero podía haber ascendido hasta 60 millones de esclavos africanos. Gracias a la lucha continua de muchas personas, Haití fue el primer país que abolió definitivamente esta horrible práctica en 1803.

Y hoy, ya metidos de lleno en el siglo XXI aún se recuerdan las miles de víctimas que sufrieron esta aberración. Claro está, recordarse sólo se recuerda en los países que sufrieron durante miles de años esta práctica, los europeos, que fueron los que cometieron tal catástrofe humana, creo que aún se avergüenzan de lo que pasó. Evidentemente, las generaciones actuales no tienen nada que ver con sus antepasados, pero el sentimiento de culpabilidad creo que aún reside en muchos de nosotros. La raza negra no se ha arrancado esa etiqueta y aún hoy día se siguen sintiendo víctimas. Lo he podido constatar este año. Para ellos, los blancos aún siguen siendo un ser al que hay que respetar por encima de todo, parece como si fuéramos seres divinos. La verdad es que no sé cuándo llegará el día en que ellos no se sientan inferiores y todos seamos realmente iguales. ¿Sabéis que en la conquista de América se dejó de esclavizar a los indígenas porque la legislación española lo prohibió? Pero eso no atajó el problema, tan sólo lo cambió de continente. Empezaron a traer esclavos desde Africa. Se creó un fuerte movimiento para afirmar que la raza negra carecía de alma. Con ello consiguieron crear un gran negocio, el comercio negrero. Por supuesto, como se llegó a considerar que los negros no tenían alma, la iglesia aprobaba esta horrible práctica.

Efectivamente, el 1 de mayo conmemora el fin de la esclavitud, pero ¿acaso hoy en día aún no se sigue practicando otra clase de esclavitud? Prostitución infantil, bodas concertadas, mujeres tratadas como posesiones, explotación infantil, maltrato, abuso, hombre hacinados en fábricas industriales con una jornada de trabajo maratoniana de más de 14 horas, tráfico de niños, … ¿acaso no es eso esclavitud?


Para ese día nosotros preparamos una actividad en el estadio de Calabar. Nos centramos en la esclavitud infantil. Y más concretamente, en los niños de la calle, como las víctimas más vulnerables. Sin familia, sin casa y sin protección. ¿Que ya no existen esclavos? Los esclavos de hoy en día tienen nombre propio. Niña de 12 años, prostituta. Niño de 9 años, trabaja 14 horas recogiendo aluminio de la calle. Niña de 14 años, casada a la fuerza con un hombre de 60 años. Niño de 11 años, se levanta a las 5 de la mañana para ir a una mina a excavar durante una jornada de trabajo interminable. Niño de 8 años, obligado a vender agua por la calle en vez de ir al colegio.


Montamos un stand con un montón de carteles. Unos incitaban a la reflexión, otros eran ilustrativos, e incluso otros revelaban datos estadísticos escalofriantes. Más de 158 millones de niños son explotados cada día. 400.000 niños trabajan en minas. E incluso datos locales, de Nigeria: niñas de 12 años son obligadas a prestar servicios sexuales por 50 nairas (25 céntimos de euro).

Además de todos los carteles, el stand también contaba con un punto de información donde se repartían folletos que animaban a denunciar cualquier conocimiento de abuso que se hiciera a un niño. Aunque sin duda, la mayor controversia de la jornada fue la jaula que montamos con cuatro palés de madera. En ella metimos a algunas niñas del orfanato. El cartel que colgaba de la jaula lo dejaba muy claro: “Chica, 12 años. Se ofrece para practicar sexo. 50 nairas por servicio.” Muchos de los curiosos que se acercaron a ver, informarse u olisquear se sorprendían al ver la jaula…¡y a la niña dentro! Conseguimos lo que queríamos, llamar la atención. Algunos de ellos se sorprendían aún más cuando les decíamos que en Calabar, hoy día, hay prostíbulos en donde niñas menores de 14 años se prostituyen por 50 nairas como medio de vida para sobrevivir.

Además del stand, también se puso en escena una pequeña obra de teatro. Participaron niños del orfanato y Williams. Subido en un banquillo, Williams rompió el hielo tarareando una canción mientras los niños, con cadenas en sus cuellos y en sus manos entraron en escena. Uno de los niños grandes del orfanato iba pegándoles.

“They were wounded, they were beaten, they were made to work very hard” (en español, “Fueron heridos, golpeados, les hicieron trabajar muy duro”), con estas palabras daba comienzo esta pequeña obra de teatro. Como un pregonero, Williams fue narrando la historia de los esclavos. Gracias a su atrayente manera de hablar, consiguió la atención de un gran público que lo miraba atentamente. “But in 1807, slave trade was abolished” (en español, “pero en 1807, el comercio de esclavos se abolió”. Este es el momento más emotivo del teatro. Williams pega un salto hasta el suelo y se va a abrazar a los niños esclavos que con sus brazos en alto, rompen las cadenas que unían sus manos.
Me encantó cuando Williams se enzarzó a hablar animando a todos los presentes a denunciar cualquier abuso a niños que conociesen. “Denuncia a tu vecino si está haciendo esto, porque está parando el desarrollo de nuestra nación”. Y en la segunda parte de la obra de teatro, algunos de nosotros, metidos en el público hicimos algunas preguntas que animaban a reflexionar sobre la esclavitud que aún existe hoy en día.


Justo al acabar el teatro, tuvimos que prepararnos para entrar en el estadio. ¡Nos uníamos a la marcha! Nosotros llevábamos camisetas azules, amarillas, verdes y blancas, pero todas con un mismo lema en la parte delantera: “Stop child slavery” (en español, “Para el comercio de esclavos infantiles”) . Y en la parte de atrás de la camiseta, un dibujo diseñado por Jose en donde un niño sostiene África con sus manos liberadas. Las cadenas que las unían están rotas.

La mayoría de los grupos allí reunidos hicieron la marcha con paso militar. Nosotros hicimos cada uno un poco lo que nos pareció. Por eso yo me marqué algunos de los pasos que aprendí en los carnavales.

De ahí fuimos a tomar algo con los niños y a comer unos pinchitos de carne bien picantes. El calor sofocante que pasamos, se vio aliviado por las sonrisas y el trabajo tan bonito que hicieron nuestros niños apoyándonos en nuestra iniciativa.

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Voy con un poco de retraso en cuanto a temas se refiere. A ver si me da tiempo de ponerme al día.

Como ya os conté (Ver artículo Por la luna de atrás), para el día de la mujer, principios de marzo, preparamos unas jornadas en el entorno rural. Visibilización y empoderamiento, menudo palabreja, del papel de la mujer en el entramado social.

Antes de empezar las jornadas, fuimos a visitar algunas de las comunidades, como ya habíamos hecho Fernando, Tere y yo en la primera visita. Como siempre, la gente nos acogió con los brazos abiertos. Como si nos conocieran de toda la vida. Sonrientes, amables, hospitalarios, generosos. Así son los africanos, todo lo que tienen, lo reparten. Nos ofrecieron ñame frito y papaya. Aquí la papaya se la comen en trocitos pequeños y alargados con un poquito de sal por encima.

El lado más turístico de la visita lo vivimos al ir a ver la cueva de la comunidad Imina. Una cueva sagrada con un pequeño altar hecho de piedra. El paseo fue corto, la cueva estaba muy cerca de la comunidad. Pero lo mejor de todo fue poder observar el río a vista de pájaro. A esta altura, el río de Cross River es caudaloso. Serpentea hasta alcanzar el mar bañando la orilla de arena fina de playa.

El primer día de jornadas fue de convocatoria abierta e informal. Hablamos con el chief o jefe de la comunidad Etani, quien se encargó de convocar a las mujeres a la reunión. No sabíamos cuánta gente se presentaría. Teníamos muchas ilusiones depositadas en estas jornadas, así que el miedo al fracaso se palpaba en el ambiente. Estábamos todos nerviosos de aquí para allá. El lugar elegido para el evento, el porche de fuera de una escuela pública, justo al lado del campo de fútbol. La hora, alrededor de las 17h.

Sí que es cierto que una mujer en África no disfruta de los mismos derechos o el mismo reconocimiento que una mujer en Europa. Pero no era nuestro cometido atacar por ahí. El choque cultural nos impediría ir más allá y no conseguiríamos nada. Así que las jornadas estaban más bien enfocadas a visibilizar el importante papel que las mujeres africanas realizan en la sociedad sin entrar a discutir sobre otros temas.


La gente, mayoría mujeres, fueron llegando poco a poco. Jóvenes, mayores e incluso adolescentes. Al estar al aire libre y sin problema de espacio, para nosotros, cuanta más gente mejor. Más impacto conseguiríamos.
Preparamos un montón de carteles dibujados a mano. María y Neli fueron las diseñadoras de unos pósters que poco tenían que enviarle a los publicitarios. Los demás echamos una mano a la hora de colorear. Y fue en ese mismo instante en el que descubrimos que colorear no era tan sencillo como parecía. “Que si colorea así, que si colorea asao. Que si no te salgas. Que si hazlo de manera uniforme”. ¡Eso no era cosa de niños! Las jefas eran muy perfeccionistas. Aunque eso sí, gracias a ellas, los diseños quedaron chulísimos.

Los carteles fueron el primer plato fuerte de nuestras jornadas. Tere fue la encargada de explicar el cartel protagonista. Una mujer africana con miles de manos que le salían del cuerpo. El título, “A women´s day activities” (en español, “Las actividades diarias de una mujer”), transmitía un mensaje muy claro. Pero hemos de recordar que en los entornos rurales aún hay mucha gente que no sabe leer. Así que una explicación no venía de más.

 Atentas, escuchaban sin perder detalle de la explicación de Tere. El mensaje era claro. La mujer africana tiene demasiadas tareas que realizar al día: limpiar, ir a por agua, cuidar a los hijos, preocuparse de su educación y salud, cocinar, atender su puesto en el mercado, lavar la ropa, asistir a clases, dar apoyo a su marido, moler casava, ir a por madera,… Muchas tareas para una sola persona. Nuestra idea era intentar hacerles ver que lo práctico y equitativo sería compartir las tareas. Un mensaje difícil de pasar, porque incluso a ellas mismas desde que son muy pequeñitas, les educan para servir al hombre, ya sea su marido, padre, hermano, tío o cualquier otro miembro varón.

En Nigeria, por experiencia propia sé que, cuando a una mujer le dices que es más lógico repartir el trabajo entre hombre y mujer, se echa las manos a la cabeza y suelta una carcajada. Después, te responde sin el más mínimo ápice de querer cambiar las cosas: “En mi país las cosas no son así. Limpiar, cocinar, barrer, cuidar a los hijos, lavar ropa, planchar,… son tareas de la mujer. El hombre no puede (creo que quiere decir “debe”) hacerlo. Él es el headmaster (en español, el cabeza de familia).” Como si ella no fuera headmaster por el mero hecho de realizar esa enorme cantidad de tareas al día. En fin, tampoco debería sorprenderme tanto. Desgraciadamente, en España aún sigue habiendo muchas mujeres y hombres que piensan así.
El segundo plato del menú era drama en estado puro. Preparamos dos pequeñas obras de teatro. La primera era generacional, la segunda sobre la herencia.

La primera obra de teatro sirvió para reconocer el increíble trabajo que realizan las mujeres en África. Las protagonistas, tres mujeres: hija, madre y abuela. Se van presentando entre ellas con cariño y admiración. Cuando se acaba la descripción de cada una de ellas, se pide al público un aplauso por todo lo que ha hecho esa mujer a lo largo de su vida.

Ester, Ana y yo ejercimos de actrices. Y gracias a este pequeño sketch, viví el momento más mágico y emotivo de todas las jornadas. Al terminar de presentar las tres generaciones, les pedimos a todas las mujeres que estaban allí reunidas un aplauso para ellas mismas. Por su trabajo. Por su dedicación. Su cariño. La respuesta fue increíble. Emocionadas, ilusionadas y con más ganas que nunca, se levantaron y aplaudieron con fuerza mientras se animaban entre unas y otras. No sé si de la emoción, el aplauso me pareció más largo de lo normal, pero fue un momento para el recuerdo. Único, excepcional. Una de esas imágenes que se te clavan en la memoria para siempre.

Después del teatro generacional, venía el teatro de la herencia. Una pequeña y sutil crítica al sistema de herencia en Nigeria. Aún en estos días, en Nigeria las mujeres no pueden heredar, a pesar de que en algunos estados ya se les reconoce ese derecho. De hecho, si por ejemplo se muere tu marido, uno de sus hermanos hereda las esposas, hijas y todos los bienes que el difunto tuviese. Es decir, las mujeres son consideradas una propiedad que pasa de una mano a otra sin voto ni opinión. No sólo no heredan, sino que son heredadas.

En la obra de teatro se representa la vida de una familia feliz y acomodada: un hombre, su esposa y tres hijas. Las niñas quieren estudiar, sueñan con llegar muy alto. Su padre les promete que les pagará sus estudios en la universidad. Pero de repente, el padre sufre un grave accidente de tráfico y muere. Tras morir, un primo lejano, que es el familiar varón más cercano al marido aparece en escena. Aquí la historia se bifurca en dos. Se presentan dos finales diferentes en función de si la mujer puede o no heredar.

  1. Primer final de la historia. EN NIGERIA, LAS MUJERES NO PUEDEN HEREDAR.
    El primo hereda las mujeres y todos los bienes. Él cree que llevar a las mujeres al colegio es una pérdida de tiempo, así que las pone a trabajar. Las niñas ven como su sueño, ser médico, trabajadora social y científica, se esfuma como por arte de magia. Llegado un punto, la relación entre las mujeres y el primo se vuelve tan insostenible que acaban viviendo en la calle. Pidiendo para sobrevivir.
  2. Segundo final de la historia. GRACIAS A UNA LEY QUE FUE APROBADA EN EL ESTADO DE CROSS RIVER, LAS MUJERES PUEDEN HEREDAR.
    En este segundo final, cuando el primo se presenta en la casa reclamando la herencia, la mujer le dice que la casa es suya. Le dice, “The law allow me to inherit” (en español, la ley me permite heredar). Gracias a ello, la mujer sigue viviendo en su casa y las niñas cumplen su sueño. Poder ir a la universidad y convertirse en: médico, trabajadora social y científica. Acaba la obra con una pequeña moraleja: que la mujer pueda heredar repercute positivamente en la comunidad. De hecho, las 3 niñas tras finalizar sus estudios en la universidad vuelven a su pueblo. La médico cura a los enfermos, la trabajadora social resuelve los problemas de la comunidad y la científica descubre la vacuna contra la malaria que servirá para curar a miles de enfermos.

Resultó tremendamente gracioso ver cómo las africanas se metían en el papel melodramático que representamos en la obra. Un “Ohhh” al unísono sonó entre el público que, atento, vio cómo el primo le quitaba la casa a la esposa. Comentarios y risas tampoco faltaron.

En la obra de teatro de la herencia, Fernando hacía de padre. Yo, de esposa. Valle, Ester y Mache de hijas, y Jose de primo.

Cuando yo lloro desconsoladamente porque he perdido a mi marido y suelto un alarido al viento. Como es muy exagerado, las mujeres no podían parar de reír.

La verdad es que las dos pequeñas obras de teatro dieron mucho juego y un colorido especial a las jornadas.
Para interactuar con la población y que ellas también pudieran aportar un poquito a estas jornadas, buscamos tres voluntarias. Ellas fueron las encargadas de traducir a su dialecto el folleto de las jornadas, diseñado por Foski. Para recompensarles, le regalamos un cacharro de cocina a cada una. Algo que en España habría quedado un poco raro, pero que aquí agradecieron infinitamente por lo útil que le sería en su día a día.

Ya estábamos cerca del final de las jornadas. Pero aún teníamos pendiente una actividad que levantaría pasiones entre los presentes. Le íbamos a enseñar a las mujeres cómo hacer unas flores de papel. La pena fue que no habíamos preparado packs suficientes para todas, así que sólo unas 70 o así pudieron hacerse su propia flor. Metidas en todo el meollo, ayudábamos a la que encontraba más dificultades. Ver la cara de emoción e ilusión de las mujeres al ver su florecilla, fue nuestra mayor recompensa.

El broche final lo puso la canción de Valle. No es que la canción sea suya, pero es ella la que nos la enseñó. El parapapá se ha convertido en el emblema de nuestra estancia como voluntarios. Es una canción que no entiende de barreras idiomáticas y su pegadizo ritmo se te mete en la cabeza y no puedes parar de cantarla. Es tremendamente especial para nosotros, fue lo primero que cantamos en el orfanato como respuesta a la canción que nos regalaron los niños el primer día que pisamos el orfanato.
Pues bien, este mismo programa lo repetimos en dos comunidades más. Pero sin duda, el primer día es el que quedará para el recuerdo por su alto contenido emocional.

Y como parte del intercambio cultural, jugamos un partido de fútbol con la población local. Blancos contra negros. A diferencia de que Rowland, nuestro coordinador, jugó con los blancos, y yo jugué con los negros. Jose, Ronald, Mache, Tere, Michael y yo, menuda cantera de futbolistas. Los años no perdonan.

¿Quién ganó? ¿Acaso importa? Es que no os enseñaron de pequeños, eso de “Lo importante es participar”. Bueno, pues para los curiosos. Ganaron los…BLANCOS.

Y un partido no es nada sin una buena afición. Y eso es lo que tuvimos nosotros. Ester, Neli, María y Ana se encargaron de animar el partido. Hicieron la ola, gritaron, cantaron… Vamos, que para la próxima temporada fijo que las fichan de cheersleaders algún equipo de baloncesto americano.

La tarde acabó con un buen chapuzón. No podíamos irnos de aquel pueblecito, Ibaleba, sin pegarnos un buen bañito en el río. Y allí que acabamos, con ropa incluida. Las atrevidas, Tere, Mache, Ester y yo, acompañadas de nuestro amigo del pueblo.

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Hubo un fallo a la hora de publicar el artículo y no salió en su momento. Ahora entiendo por qué algunas mamis estaban nerviosillas sin tener noticias de sus hijas… Mira que estaba pensando que habíais dejado de leer el blog. Y no, es que el artículo no salió publicado. Pues ahí va:

Una entrada cortita para despedirme de vosotros durante estos días (ver artículo “Por la luna de atrás“. Estaremos en Abi LGA desde el miércoles 2 de marzo hasta el sábado 5 celebrando el día de la Mujer trabajadora. Esperamos captar la atención de la gente de estas 10 comunidades y transmitir los múltiples mensajes que llevamos en la manga.

Hemos estado toda la semana, incluido fin de semana, trabajando para preparar estas jornadas. Charla, teatros, cartelería, folletos, flores y lacitos son algunas de nuestras sorpresas. ¿Conseguiremos meternos a la gente en el bolsillo? Utilizaremos unos cuantos Atamas (aplausos africanos) y un Parapapá (canción que anima hasta al más soso) para romper el hielo. Ya os diré cómo va la cosa.

Llamamiento a los padres. No recuerdo muy bien si hay cobertura o no. Así que si llamáis a vuestro hijo, que por cierto, se le olvidó comentaros que salía de viaje, y el teléfono no da señal o sale una mujer hablando en inglés cosas ininteligibles, no os preocupéis. No nos han secuestrado unos alienígenas. Es sólo que no hay cobertura.

Buen viaje… Bueno, eso se supone que nos lo decís vosotros, pero como no hay tiempo. Abreviando.

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Hace unos días experimenté una sensación muy extraña, aún se me ponen los pelos de punta de pensarlo.

Ahora andamos muy liados preparando diferentes actividades. Para el día 8 de marzo, el día Internacional de la Mujer, queremos hacer una inmersión en el entorno rural. La idea es hacer unas jornadas de concienciación y visibilización  de la mujer. Rowland, nuestro coordinador, nos propuso hacerlas en el pueblo del que viene en Abi LGA.

Creo que no os he hablado nunca de cómo está organizada Nigeria geográficamente, así que aprovecho la ocasión. Nigeria es el país. Abuja es la actual capital. Hasta 1995 lo había sido Lagos. Nigeria cuenta con 37 estados (Abia, Adamawa, Akwa Ibom, Anambra, Bauchi, Bayelsa, Benue, Bornu, Cross River, Delta, Ebonnyi, Edo, Ekiti, Enugu, Gombe, Imo, Jigawa, Kaduna, Kano, Katsina, Kebbi, Kogi, Kwara, Lagos, Nasarawa, Niger, Ogun, Ondo, Osun, Oyo, Plateau, Rivers, Sokoto, Taraba, Yobe y Zamfara). Como podéis ver, uno de ellos es Cross River, donde estamos nosotros. Y dentro de cada estado, hay diferentes Local Government Areas (LGA). Para simplificarlo. Los estados son como las comunidades autónomas en España, y los LGA son como las provincias.

Subidos en el autobús, Tere, Foski, Rowland y yo, nos dirigimos a Abi LGA. El primer pueblo que visitamos fue Etigedi. Entramos en la oficina del chairman o presidente del LGA. Debíamos pedirle permiso para poder hacer la actividad. La reunión fue corta. Enseguida conseguimos el visto bueno. La fechas, 4 y 5 de marzo. El público objetivo, hombres y mujeres de todas las edades. Aunque aún está por ver si las jornadas las vamos a poder hacer en las 10 comunidades que componen este LGA o en menos. Logísticamente, no nos da tiempo a hacerlo para todas en tan sólo 2 días. Ya veremos en qué queda la cosa. Después, visitamos Etani. Con un ápice de nostalgia, Rowland nos enseñó la casa donde había vivido su familia. Ahora con aspecto de abandonada. Al lado de la casa había una plaza como la de algunos pueblos de montaña de España. Irregular, asimétrica, desnivelada, pero con un encanto especial. Quisimos entrar en una especia de cobertizo, pero Rowland nos lo impidió. Nos dijo que ahí sólo podían entrar hombres. Lugar de animadas charlas varoniles. Vestigios culturales. Tere y yo, desconcertadas, preguntamos si al igual que para chicos, había algún sitio sólo para mujeres. Para nuestra sorpresa, la respuesta fue afirmativa. Sí lo había. Aunque no lo vimos. Paseamos por el pueblo. Los niños nos perseguían a escondidas. Ser blancos llama la atención, quieren tocarnos, acercarse. Pero al mismo tiempo les produce pavor. Muchos de ellos, si intentas acercarte a saludar, salen corriendo tapándose la cara.

También tuvimos oportunidad de ver a una mujer y un niño intentando arreglar su molinillo para triturar casava. Su medio de vida. La casava es como una especie de tubérculo que se utiliza para hacer garri. Se tritura y se obtiene este preciado manjar. Garri y pepper soup es el plato más popular, y barato, entre los nigerianos. Ellos incluso profesan sus enormes cualidades nutritivas. Dicen que el garri es el encargado de proporcionarles la energía y fuerza necesaria para aguantar un largo día de trabajo. Incluso los chicos de básket no hacen nada más que animarme a comer más garri. Dicen que así aguantaría más corriendo. Y lo que no saben es que ellos, biológicamente, son una raza superior. Yo no tengo nada que hacer frente a su increíble forma física. Ni garri, ni garro.

Tras este paseo por el pueblo, escalamos tres colinas para llegar a la comunidad donde el abuelo de Rowland había vivido. El trayecto era corto, pero la pendiente de la montaña me arrancó severas gotas de sudor que zigzaguaban por mi cuerpo. Entre suspiro y suspiro, miraba hacia arriba a ver cuánto nos quedaba.

La escalada mereció la pena. En lo alto de aquella montañita rocosa estaba Imina. Una pequeña comunidad cuya base económica era el cultivo de ñames. Un tubérculo parecido a la patata pero 10 veces más grande. Son como irregulares bates de baseball. Lo más curioso fue ver un panel donde tenían un montón de ñames apilados ordenadamente. Desde el más grande, al más pequeño. Según me cuenta Tere, yo ya no me acordaba muy bien, los ñames se colocan así para evitar que se pudran. Además, así es más sencillo contabilizarlos y seleccionar los más pequeños para las próximas cosechas. Dicen que de cada ñame salen 4 nuevos tubérculos.

Nos despedimos de esta comunidad zarandeando nuestras manos al tiempo que decimos la palabra mágica SAMOO, que es “gracias” en Egbo, el dialecto de Abi LGA. Después, descendimos la colina y nos montamos en el autobús. Nos dirigíamos a ver la última comunidad, donde nos quedaremos a dormir en marzo.

Ibalebo es una comunidad que está a la orilla del río Cross River. Anclado en una ladera vemos un antiguo barco. Transporte que se utilizaba hace años, cuando apenas existían vehículos rodados, para viajar hasta Calabar.  La postal es increíble. El río es ancho y caudaloso. La corriente apenas arrastra. Al borde del mismo, las mujeres se afanan en recoger tierra, casi arena, que más tarde subirán en sus cabezas hasta un camión que les espera, impaciente, en lo más alto. Los niños no paran de jugar. Corretean desnudos hasta una roca y de ahí, al agua. ¡Qué envidian nos dan!

También vemos un montón de canoas. Algunas sirven para ir de una orilla a otra. Otras, para pescar algo que comer por la noche.

Fascinados, abandonamos el sitio para ir a ver la casa de la tía de Rowland. Será donde nos quedemos. La casa es majestuosa. Desde lo alto de la montaña observa, atenta, el curso del río. El porche de la entrada nos roba una sonrisa. Todos pensamos en lo mismo. ¡Qué a gustico vamos a estar ahí! No podemos resistirnos. Le pedimos a Rowland ampliar la estancia. Y así será.

El calor apremia. Exhaustos, nos paramos a tomar un refresco. Cruzamos los dedos para que estén fríos. Hemos tenido suerte, ha debido haber NEPA (luz) por la mañana. Me bebo la fanta de naranja casi de un trago. Cuando dejo el botellín sobre la mesa y alzo la vista, veo a un montón de jóvenes reboleados encima de unos tubos de hierro a la sombra de un enorme árbol. En realidad, los vi nada más llegar, pero no reparé en su presencia. Me pregunto, “Y, ¿esos tubos?” Me cuentan que llevan allí desde la última guerra civil. La idea original era hacer un puente que uniese los dos lados de río, pero durante la guerra, los planes se paralizaron. El puente nunca se hizo. Ahora, los tubos han pasado a mejor vida, sirven como improvisados bancos donde descansar sin que el sol moleste.  Y, ¿qué hacen ahí todos esos hombres? Pues nada. No trabajan ni hacen nada. Lo curioso es que son sólo hombres los que están ahí parados. Los hay por toda África. Es lo más parecido a esperar la cola del INEM, sólo que aquí no esperan nada. Bueno sí, a que el tiempo pase. Ryszard Kapuscinski les dedica un apartado en su libro Ébano.

Con las mismas, reemprendemos nuestro viaje de vuelta a Calabar. Nos quedan 2 horas y media de viaje. Sentada al final del autobús, miro detenidamente a través de la luna de atrás. De repente, se abre una ventana de emociones. Mi reloj biológico se ha puesto en marcha. La cuenta atrás ya ha empezado. Nos quedan menos de 4 meses en Nigeria.

Me quedo paralizada. Me ha pasado algo super extraño. Me toco el brazo, ¡tengo los pelos de punta! Sabéis lo que son los Deja vu, ¿verdad? Es cuando dices, “esto ya lo he vivido antes”. En realidad hay una explicación científica para este hecho. La sensación de “esto ya lo he vivido” se produce porque tus ojos, inconscientemente, recogen una imagen y se la mandan al cerebro. Y ahí queda almacenada. Cuando tus ojos vuelven a recoger la imagen, pero esta vez de manera consciente, y la envían al cerebro, éste se da cuenta que la imagen está duplicada. Se produce un solapamiento entre la memoria a corto plazo y la memoria a largo plazo. Tu memoria a corto plazo te susurra, “esto ya los has vivido”, pero no es cierto, es una ilusión. Pues lo que me pasó a mí fue algo parecido, pero con vistas al futuro. Es como si se hubiera quedado la imagen congelada. Por un instante, me vi mayor, quizás 15 años más tarde. Emocionada y nostálgica, recordaba el año en Nigeria. La ventana al pasado se abría a través de la luna del autobús. Después se sucedían un montón de imágenes. La sensación fue sobrecogedora por su enorme realismo. Ahora, sólo puedo ceñirme a disfrutar cada momento como si fuera el último.

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Viajando

Imágenes y sensaciones

Blog de Viatges Tuareg

Allí donde terminan las rutas habituales.