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Posts Tagged ‘Voluntariado’

Exposiciones, mercadillos, espectáculos, cursos de formación, cine, eventos deportivos, seminarios, charlas y mucho más. Se acabó el verano, pero con una cartelera así para iniciar el otoño parece que las lejanas tardes de calor a orillas del mar, no se hacen tan nostálgicas. Y de todos modos, siempre nos quedarán las terrazas. En Madrid se puede decir que están todo el año. Y si no que se lo pregunten a los turistas extranjeros.

1.- World Press Photo en el Círculo de Bellas Artes. Con Carné Joven, se entra gratis. Y si no, 3 euros. Merece mucho la pena. Si vas con tiempo y nunca has subido, déjate llevar hasta la terraza para disfrutar Madrid desde arriba y aprovecha para ver la exposición de fotografía de EFTI colocada alrededor de la barandilla. Eso sí, te tocará volver a pasar por caja. Más info aquí. (En Twitter, @cbamadrid).

¿Cuándo? Hasta el 12 de octubre.

De lunes a viernes de 11h a 14h y de 16h a 21h.

Sábados y domingos de 11h a 21h.

¿Dónde? Sala Goya en el Círculo de Bellas Artes

(Calle de Alcalá, 42, Madrid. Metro: Banco España o Sevilla).

¿Cuánto? Gratis con Carné Joven. Entrada general 3€.

World Press Photo en Madrid

Instagram: rumboanigeria

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Hoy se cumplen 2 años del inicio de un gran sueño. El 15 de junio de 2010, pisamos Nigeria. El 16 ya estábamos en Calabar. Por delante nos esperaba un año de voluntariado.

El punto de partida de un cambio que marcaría un antes y un después en nuestras vidas. Una auténtica prueba de supervivencia anímica. Un hula hoop de sentimientos. Una vuelta de tuerca a nuestra visión del mundo. Una marea de porqués. Un brote de arañazos de dura realidad. Un chute de verdades que nos dejaron sin aliento.  Nudos en la garganta, lágrimas descontroladas, rabia contenida, sentimientos a flor de piel. Era como vivir en un documental de la 2 constantemente. Todo nos parecía nuevo. Todo nos sorprendía. Todo nos emocionaba. Nada nos dejó indiferentes.

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Hace un par de meses estuve haciendo un curso de voluntariado. En uno de los ejercicios, nos pasaron una fábula para leer y reflexionar en grupo. Son 5 los personajes que aparecen: Chivita (CH), Narrador (N), Búho (B), Caballo (C) y Lobo (L). Dice así la fábula:

N: había una chivita que todas las tardes recorría la aldea de los animales ofreciendo su ayuda a cualquiera que la necesitara… El caballo le decía:

C: ¡No vale la pena ser servicial, pues los demás son gente oportunista y lo único que saben hacer es aprovecharse de los demás!

N: El búho también trataba de convencerla:

B: ¡Viva su vida tranquila y no se meta con nadie! Los demás son gente mala y egoísta que no merecen la preocupación del prójimo.

N: Pero la chivita no hacía caso a los consejos de sus amigos y seguía ayudando generosamente a quien lo necesitara. Un buen día, el lobo se cayó dentro de un pozo. Como no pudo salir por sí mismo, se acordó de la chivita y pensó:

L: Ella siempre quiere ayudar a los demás, sentirse útil.

N: Y comenzó a gritar:

L: ¡Seeeeeñooooraaa Caaabraaaa, venga por favor!

N: Cuando la chivita escuchó la voces, se acercó rápidamente al pozo y el lobo le dijo:

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Con motivo de la celebración del Año Europeo del Voluntariado, el pasado mes de diciembre asistí a unas jornadas de voluntariado en Madrid (ver artículo, “Una de mis fotos, 2ª en un concurso de fotografía“).

Como os comenté en aquel artículo, me quedé 2ª en un concurso de fotografía con unas de mis fotos que ahora ha salido publicada en la página 1 del Boletín de REVE (Red Española de exVoluntarios Europeos). Pero en el boletín hay muchísimas más novedades y caras conocidas, ¿quieres conocerlas?

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Nuestro viaje a la República de Benin comenzó el 10 de marzo. Cogimos un avión de Calabar a Lagos (con Flyaero, una compañía de vuelos baratos), descartando la opción del autobús por el riesgo que conlleva atravesar esta parte del país en ese tipo de transporte. Los “army robbery” o asaltantes de carreteras están a la orden del día. Según nos cuentan, son bandidos que se ocultan en el bosque esperando a que pasen autobuses grandes para saquearlos. Y a veces, muchas, disparan. Sí, como lo estáis oyendo, disparan contra el autobús y todo el mundo se echa al suelo o esconden su cabeza entre las piernas. Suena a película de aventura, pero nada más alejado de la realidad. Y si no, pasaros por el blog de Bo. Cuenta su propia experiencia tras volver de Lagos a Calabar en bus (buscar el artículo publicado el 6 de marzo de 2011 en Atrapacaminos).

Sentados en un bus que servía más para transportar mercancías que otra cosa, se quedaron casi dormidos. De repente, escucharon un gran estruendo. Y a continuación, alguien gritó: “robbers”. Todo el mundo agachó la cabeza y esperó a ver qué pasaba. El bus aceleró a todo gas para pasar esa zona. ¡Les habían disparado!  Para los nigerianos no es un episodio muy alejado de la realidad. Los que a menudo hacen este recorrido, no se asombraron demasiado. E incluso, como me contó Bo, lo comentaron animadamente con risas de por medio. Sin embargo, ellos se quedaron patidifusos, blancos…y no era precisamente por el color de su piel.

Apenas una hora en avión separa Calabar de Lagos. Al llegar a esta caótica ciudad, donde el tráfico, ruido y desorden urbanístico es tal que sorprende pensar que en esa enorme urbe viven más de 8 millones de habitantes, lo primero que hicimos fue coger un taxi que nos llevara hasta el hotel. Moverse en Lagos es tan caro, que si tienes pensado quedarte unos días, tu presupuesto subirá como la espuma.  Un taxi del aeropuerto al hotel, en Victoria Island, nos salió por 3.000 nairas (al cambio, unos 15 euros). Partiendo de la base de que un drop (en español, coger el taxi para ir a un sitio en particular) cuesta en Calabar entre 300 y 500 nairas, pues os podéis imaginar.

Nos dirigimos hasta el único hotel del que teníamos alguna reseña, Ritz Hotel. Sí, sí, el Ritz. En realidad no tiene nada, pero nada que ver con la idea de Hotel Ritz que tenéis en la cabeza. El hotel era lúgubre y oscuro, pero para pasar una noche a un precio medio decente, nos pareció bien. La habitación doble costaba 4000 nairas la noche (unos 20 euros). El bar del hotel era de película. Una luz casi apagada alumbraba a duras penas aquel tugurio. Y menos mal que era así. Era con poca luz y fuimos capaces de ver hasta 4 ratas del tamaño de un gato montés, si llegamos a tener más luz, vemos hasta un león. Menos mal que la cena nos teletransportó, por un momento, a España. Ester se había traído lomo cortadito en rodajas y pipas. ¡Qué rico!

A la mañana siguiente nos levantamos temprano para ir hasta el motorpark donde debíamos coger un taxi para llegar hasta la frontera de Nigeria con Benin. Tardamos un rato hasta llegar a My2, el motorpark. Después, la rutina de siempre: negociar el precio del viaje. Un “ohh”, un “me tiro el pisto diciéndole al conductor que yo ya he estado allí y ese no es el precio” y un “amago de me voy a buscar otro taxi” fueron suficientes para alcanzar un precio que creímos razonable (2300 nairas por persona). El conductor nos llevaría hasta Cotonou, la ciudad más grande de Benin. Pero no sin antes pasar algunas penurias.

¿Qué es uno de nuestros viajes sin percances en la carretera? Pues no es nada. El coche nos volvió a fallar. Reventón de rueda. Menos mal que todo buen nigeriano entiende de mecánica y se las apaña de cualquier manera, porque si hubiera sido por nosotras (Neli, Ester, Tere, María o yo), nos hubiéramos quedado allí tiradas en medio de la nada hasta que alguien nos hubiese cambiado la rueda.

En este año he sacado dos cosas en claro:

  1. Debería aprender algo de mecánica. No me interesa para nada, pero me parece super práctico. Sé que en España si un coche te deja tirado, la reacción es llamar a la grúa. Pero no estaría de más saber un poquito.
  2. Debería aprender a coser, es super útil y te puedes hacer unos diseños muy originales. Salir del estándar Zara o Mango estaría bien. Ains, siempre pensando en telas. La teladicción me persigue.

Dudo que consiga cualquiera de los propósitos, pero al menos interés ha habido.

Bueno, a lo que iba. El hombrecito cambió la rueda y seguimos el camino. Lo peor estaba por llegar. Ir de Lagos a Benin es un infierno. Controles de todo tipo, habidos y por haber. Incluso algunos de ellos estaban tan seguidos que apenas te daba tiempo a recorrer 50 metros. El conductor pagó pequeñas cantidades de dinero, unas 50 nairas, a cada uno de los policías que se iba encontrando por el camino. Lo hacía disimuladamente, escondiéndose el billete arrugado en la palma y dándole la mano al poli de turno en plan “somos colegas”. Yo conté 14 paradas. Sin embargo, en algunas de ellas ni pagando te librabas de que te parasen y te hiciesen preguntas absurdas como “¿estás casada?”, “Llévame a tu país” o “¿Española? Me encanta Torres o Fábregas”. Además, eso de pedir el pasaporte y churretearlo es un deporte nacional. A veces hasta se pelean entre unos y otros por ver la foto.

Tanta parada retrasaba muchísimo el viaje y lo eternizaba. E incluso podía tocarte el listillo de turno que, aburrido, miraba cada hoja de tu pasaporte como si fuera a ver algo especial. Y evidentemente, después de ese churreteo innecesario venían otra vez preguntas absurdas. Y si te querían molestar o ponerte nerviosa para que le dieses algo de dinero, lo hacían. Te bajaban del coche y te llevaban a la cabañita para revisar el pasaporte con lupa. Para esos casos, paciencia, simpatía y mucha, mucha astucia. Y sobre todo, no pagarles un duro. No hay que contribuir, ni aún atemorizado, a continuar esta práctica.

Después de esas miles de paradas venía el postre, la frontera de Seme-Kraké. Dimos más vueltas que una noria. Yo no veía el momento de salir de allí. Primera parada, frontera de Nigeria, nos tienen que sellar la salida del país. Una mesa para verte el pasaporte, otra para apuntar algunos datos tuyos, otra para rellenar una papel, otra para preguntarte absurdeces, otra para ver la cartilla de vacunación y si salías viva de ahí, a esperar que te sellasen el pasaporte. Se acercaban las peores horas de calor y nosotras allí en medio esperando ser atendidas con un solano de justicia dándonos en la frente. Por fin nos dan luz verde, nos van a poner el sello de salida de Nigeria. Asomo la naricita por la ventanilla del oficial que tiene nuestros pasaportes. Un frío polar sale de aquella sala, debe tener el aire acondicionado a tope. El oficial, muy astuto, lo intenta. Me dice que hay que pagar 200 nairas por cada pasaporte. Yo, indignada, le digo que eso no es así. Me envío una sonrisa de “tenía que intertarlo” y me dio los pasaportes. Ya sólo faltaba pasar por la frontera de Benin.

La parte de Benin fue más llevadera. Enseguida nos llevaron a la sala del oficial de inmigración. Allí tuvimos que explicar nuestro motivo del viaje, y tras previo pago de 10.000 CFA (francos de West Africa) nos hicieron el visado de tránsito. La estampita que nos pusieron lo decía muy claro: el visado era de una sola entrada y con una validez máxima de 48 horas. Si pensábamos estar en el país más de 2 días, debíamos ir a la oficina de inmigración de Cotonou a extender el visado. En la oficina del oficial de inmigración de Benin vivimos un episodio un poco trágico. El policía estaba recostado en su silla, con los pies en la mesa. Veía el fútbol en la tele mientras escuchaba lo que nosotras le contábamos. De repente, irrumpió en la sala otro policía. Llevaba a un hombre agarrado por la espalda. El muchacho, aterrorizado, se echó al suelo. Las palabras salían de su boca a borbotones y su piel no dejaba de escupir sudor.

Hablaba sin control y casi sin pronunciar. Según pude comprender, le habían pillado intentando pasar la frontera sin pasaporte. Lloraba descontrolado mientras los policías se reían de él. Había huido de Costa de Marfil porque la cosa no estaba muy bien. Lo trataron con desprecio y lo tacharon de drogadicto. La verdad es que nunca supe qué hicieron con él, pero no llevaba ni pasaporte ni dinero encima.

Tras más 3 horas en la frontera, conseguimos tener todo en regla. El conductor aún nos seguía esperando. Como era tarde, nos transfirió a otro coche que nos llevaría hasta Cotonou. A medida que nos acercábamos a la ciudad, fuimos conscientes de que algo pasaba, había demasiado ajetreo en la carretera. Estábamos en lo cierto, las elecciones presidenciales estaban previstas para el domingo.

Pequeño detalle que marcaría en un futuro nuestro viaje. Ya sabréis porqué.

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¡Estamos de vuelta!

Acabamos de aterrizar en casa. Ya se han acabado nuestras vacaciones. Hay muchas cosas por contar, así que iré organizando ideas para que no se me quede nada en el tintero.

Benin (ver artículo “Nos vamos a Benin con la mochipandi“) ha dado para mucho, para bien y para mal. No todo fue relax, como esperábamos. Pero bueno, a veces los viajes son así. Siempre existe ese riesgo.

No me quiero entretener mucho. Ahora queda muy poco tiempo y muchas, muchas cosas que contar. Me pongo tecla en mano a escribir.

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Viajando

Imágenes y sensaciones

Blog de Viatges Tuareg

Allí donde terminan las rutas habituales.